La “Alicia adorada” de Juancho Polo Valencia (Tintas en Parranda)

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Sobre la tumba de su amada y con un gran dolor en el alma por la muerte de Alicia Cantillo, este juglar vallenato compuso un poema hecho canción, en el que le reclamaba a un Dios, sin amigos en la tierra, la premura partida de su amada. Esta es la historia del romance fallido.

Tomado de El Espectador.com

 Parrandero, conquistador y poeta, así se podría describir a Juan Manuel Polo Cervantes, mejor conocido como Juancho Polo Valencia en el mundo del vallenato. Nació un 18 de septiembre de 1918 en el corregimiento de Candelaria, Magdalena, pero vivió en Flores de María, pueblo olvidado por el Estado que quedó inmortalizado en una de sus legendarias canciones: Alicia adorada, la cual sería grabada e interpretada años más tarde por Alejo Durán, primer rey vallenato.

En aquel entonces, entre barriales y casitas de madera, Juancho Polo se paseaba por los pueblos del Magdalena en una mula con su acordeón al hombro entonando versos a cambio de licor. Vestía siempre de pantalones anchos de lana, camisas coloridas y un sombrero vueltiao que inclinaba hacia la derecha para ocultar el pedazo de oreja que le faltaba.

Según la crónica, Recuerdos de Juancho Polo, la estrella fugaz del juglar errabundo de Héctor Castillo Castro, aunque Polo no terminó el colegio, sabía leer, escribir y le apasionaba la poesía. Esto lo llevó a conocer al poeta colombiano Guillermo Valencia Castillo, de quien adoptó su segundo apellido artístico.

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Su apodo llegó por el talento, reconocido por sus amigos, que tenía al declamar y puede verse reflejado en cada una de sus composiciones, escritas en versos sutiles y sencillos, pero profundos en su significado.

Con esa habilidad supo ganarse el corazón de Alicia Cantillo, una joven de 16 años oriunda de Concordia, Magdalena, de quien se enamoró y logró establecerse en Flores de María, aun en contra de sus padres, pues no gustaban del compositor por catalogarlo como un “cantante borrachón”.

A pesar de la oposición, Juancho Polo Valencia se la llevó en una mula hacia Flores de María y en 1942 se casaron en una pequeña parroquia del pueblo. Dos años más tarde Alicia quedó embarazada, pero enfermó de preeclampsia, un aumento de la presión arterial e hinchazón en las piernas que pueden presentarse en mujeres gestantes.

En un documental del periodista Ernesto McCausland, Luis Meza, amigo de Juancho, contó que a Valencia le advirtieron sobre la enfermedad de Alicia y que, por esa razón, tomó la decisión de viajar hasta Pivijay, Magdalena, en busca de medicinas para su esposa.

Pero Alicia Cantillo murió durante el parto. Dicen los testigos a McCausland que, antes de morir, la mujer les pedía a los santos por su salud y aclamaba al cielo por el regreso de Valencia, pero Juancho no alcanzó a llegar.

El compositor llegó al cementerio tres días después de su muerte. Eran las cuatro de la tarde cuando, sobre la tumba de su mujer, pidió un trago para pasar la pena y compuso la canción que inmortalizaría un romance separado por la muerte: Alicia adorada.

Su letra, una elegía inspirada en su mujer, refleja el lamento de un hombre que reclama a un Dios, sin amigos en la tierra, la pronta partida de su amada. Se murió mi compañera que tristeza/Alicia, mi compañera, que dolor/ y solamente a Valencia ¡Ay hombe, el guayabo le dejó! Desde entonces, su Alicia adorada es recordada en cada parranda vallenata, entre cajas, guacharacas y acordeones.

El compositor no pudo reponerse del todo luego de la muerte de Alicia. Continuó su vida bajo lamentos y sentimientos de culpa que lo incitaban a vivir borracho. A pesar de su eterno dolor, Juancho Polo Valencia volvió a casarse. Como si estuviera destinado, o empecinado, a las Alicias, formó un hogar con Alicia María Hernández Páez, con quien tuvo dos hijos: Sebastián y Rosa Polo Hernández.

Su muerte se prolongó durante tres días de parranda en Fundación, Magdalena. La mañana del 22 de julio de 1978 su cuerpo, cansado de tantas parrandas y trasnochos, fue encontrado recostado en una hamaca, con una botella de licor a su lado. Juancho Polo Valencia, tal y como su Alicia adorada, también murió solito.

El amor de Juancho hacia Alicia será recordado para la eternidad en un vallenato que, en 3:04 minutos, inmortalizó un romance acabado por la parranda, las enfermedades y el alcohol.

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Periodista con experiencia en prensa, radio, televisión e internet.

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